jueves, 6 de junio de 2013

Abandono de bebés.


El niño jugaba ensimismado en la  terraza, iluminada por la suave luz del sur, más azul que dorada. De pronto interrumpió sus juegos y escuchó. De lo más profundo de la casa, de más allá de las curvas en que los vinos sepultados hace años esperaban revivir, de más allá de los antiguos calabozos., le llegó un lento grito que nadie más que él oyó porque sólo a él estaba dirigido. Bajó las escaleras…
                                                                      Nalé Roxlo 1966: El llamado-adaptación-

Decían  las noticias en diciembre de 2004  que [1] “Un cartonero rescató hoy con vida a un bebé que había sido abandonado por su madre en un basural… Al acercarse observó un bebé semidesnudo, con una bolsa de nylon en su cabeza y prácticamente tapado de residuos. Andrade le quitó la bolsa y rápidamente lo trasladó al Centro Asistencial”.
Hoy, 15 de junio de 2006 las noticias dicen:[2] “Aparecen cada mes siete bebés abandonados en Capital y GBA. Los casos como el de "Florencia", hallada el viernes en Lomas de Zamora, se reproducen. Influyen sobre todo la falta de contención familiar y la escasa educación sexual.
Los relatos coinciden. Una bolsa que se mueve entre la basura o delante de la puerta de alguna casa. Un llanto tímido en algún rincón oscuro de la calle, una estación de tren o un baño público. O directamente, a la vieja usanza, una canastita "olvidada" en un hospital público. Los casos de bebés abandonados, como el de "Florencia", la recién nacida hallada el viernes a la noche en un quiosco de Lomas de Zamora, cada vez son más frecuentes.”
 “En algunos países europeos existe desde hace algunos años el método del "Baby box". El sistema es una caja tibia, símil incubadora, donde las madres, en forma anónima, pueden dejar a sus bebés en un lugar seguro, confortable y con atención médica inmediata. El plan funciona en Alemania, Bélgica, Austria, Eslovaquia, República Checa, Suiza, Italia, Hungría y este año fue implementado en Sudáfrica. La idea surgió en 2000, en Hamburgo, después de cinco casos seguidos de bebés abandonados (tres de ellos hallados muertos) en botes de basura, contenedores o a la intemperie. El sistema, si bien genera polémica, remite a una práctica de vieja data. Hasta 1891, en la ex Casa Cuna, funcionaba un armazón giratorio para recibir bebés y así mantener el anonimato de las madres.”

Vieja como la historia de la humanidad, -aunque los medios quieran presentarla como actual-, la problemática es la misma, sólo va cambiando de vestiduras. Lo que esta problemática muestra es que la mujer que tiene un bebé no es anónima pero sí podría querer serlo. La  mujer pone el cuerpo. Gesta en su cuerpo. La madre en cambio, alberga, adopta, no sólo en su cuerpo. La mujer que no pueda con esa construcción  es la que tal vez busque el anonimato de su acto. El más condenado de todos, ese tan viejo como la humanidad.
En los tiempos que corren en estos pagos parece que insiste el dejarlos en el lugar de la basura ¿De lo que no sirve? Tal vez haya algún otro sentido allí, mucha gente revuelve la basura, buscando algo que sirva. Tal vez ahí se puede detectar algo de  lo nuevo.
La historia cuenta que en 1779 un virrey crea la “Casa de niños expuestos en la vía pública”, los llamados niños expósitos. Nombre que tomó lugar de apellido. El problema en esos tiempos para las autoridades era que no serían bautizados. Son varios los derroteros de niños e institución, en ella vivían los que podían sobrevivir al hacinamiento, luego se los colocó en casas de familia para trabajar en la servidumbre.  Rosas la cierra en 1838. Pasó de asilo a Hospital, hoy es el Hospital Pedro de Elizalde, un prestigioso centro de investigación y atención pediátrica.
Las instituciones no están pensadas para la adopción, sólo se los saca de la calle. La maternidad  implica un plus a la concepción, al parto o a  la crianza, inclusive a la condición sexual. Implica un nuevo acto: una adopción.
Dice el DRAE que adoptar es: Recibir como hijo, con los requisitos y solemnidades que establecen las leyes, al que no lo es naturalmente.
Me resultó interesante ya que la adopción saca a la naturaleza de la relación madre-hijo, en ese sentido lalengua hace lo mismo. Saca a la maternidad  del terreno de la naturaleza. Pensemos en algunos animales que matan o se comen a su cría si  perciben que no podrán amamantarlos o si están enfermos. El instinto guía allí la acción específica. ¿Qué guía a una mujer que abandonará a su cría? Tampoco todas lo hacen de la misma manera, algunas los dejan en un lugar donde serán encontrados y cuidados. Otras abrigados en el umbral de alguna institución pero de las que me interesa poder pensar alguna cuestión en este artículo es de las que los dejan en la “basura”, al desamparo total. Llamativamente hay muchos relatos de quienes encuentran a los bebés, en algunos casos de los bebés vueltos niños que hablan desde su historia pero no he encontrado relatos de estas mujeres, las que los abandonan al nacer y en las más desoladas circunstancias. Seguramente el  grado de anonimato está en relación a la anomia en que ellas se encuentran respecto de adoptar a ese niño. Cuanto más despojados los dejan, menos marcas de ellas en el niño habrá. Bien podríamos ubicar allí el resultado que la metáfora paterna produce en un sujeto. La versión que tienen estas mujeres del falo, si el operador está interviniendo en ellas y de qué manera. En este sentido es bastante lógico, en éstos casos extremos,  que  no tengan  nada para decir, no se puede abandonar lo que no se tuvo. Lo que no pasó por la red significante ordenada por el operador de la metáfora paterna. Pero Lacan nos llevó un poco Más allá…como Freud, y habló del goce. ¿Dónde se produce éste sino en el cuerpo? ¿Dónde se encarna el significante sino en el cuerpo? ¿Acaso lo que hace de límite al goce no es el significante? Significante que, a la vez que limita crea uno nuevo. Hablar de goce y su límite es poner en cause y en causa al deseo. Sin estas operaciones ese niño podría ser “basura”.
Esa masa orgánica dentro del útero/órgano  de una mujer ¿En qué momento empieza a ser un hijo para gozar de la vida? ¿En qué momento una mujer detecta ese movimiento de ese otro ser en su panza? Cada una lo hará en su tiempo…algunas tempranamente otras tardíamente…otras nunca.

Recuerdo el relato clínico de una colega que trabaja en un hospital del conurbano bonaerense con madres adolescentes. Ella relata  un caso, donde la muchachita no se podía acercar al bebé y le pidió permiso a la  enfermera - ¿Puedo agarrarlo? Y la enfermera responde – Claro!! Es tu hijo, agarrálo. Dicha sanción, que fue posible porque hubo una pregunta operó en esa muchacha como mecanismo de adopción. “¿Puedo agarrarlo?”.

La pregunta la instaló en discurso, aquellas mujeres que desde el anonimato producen ese resto sin significar sufren seguramente de anomia propia y de la imposibilidad de establecer alguna distancia entre lo que les está pasando en su cuerpo y lo que soportarán  que les pase.  Seguramente el parto precipita como Real y desde allí al acto de abandonar lo que no se tuvo…en  el menos terrible de los casos, tal vez para tenerlo. En estos días una muchacha abandonó a su bebé en la puerta de su propia casa para poder encontrarlo y adoptarlo.

Hay algo en juego también en la dimensión del tiempo. En muchos casos o casi en la mayoría es como si los 9 meses de embarazo no hubieran acontecido. La familia o los amigos parecen no enterarse hasta el día del nacimiento. Sabemos que el tiempo humano es el tiempo del relato, sin relato no hay transcurrir. Un cuento que se prolongó mil y una noches salvó la vida de Scherezada. Es evidente que estas muchachas, que desde el inicio de la historia de la humanidad, abandonan a su cría no pudieron acompasar  el tiempo biológico con el tiempo lógico del inconsciente. Y abandonaron a su cría…sólo eso. También hay otros casos, los de aquellas mujeres que los abandonan para cuidarlos, sabiendo que ellas no podrán con esa circunstancia, pero ese será tema de otro artículo.
 La ley social condena esto con multas y prisión…no importa, seguirá sucediendo como prueba eficaz de la falta de correspondencia entre los instintos fallidos y los ideales culturales… aunque nos duela. El estado, la comunidad, los psicoanalistas harán lo que puedan…no es cuestión de educación ni de instinto…tampoco es cuestión de no hacer nada, es la vida que empuja como puede.

Nunca volvió a subir las  escaleras, aunque los habitantes de la casa y las visitas lo siguieron viendo durante todos los años de su vida, un poco distante, pero, por lo demás, de apariencia normal y saludable.
Del mismo cuento de Nalé Roxlo



[1] www.televerdades.com.ar

Freud… el abuelo.

Un golpe de emoción acertó en su pecho. Justo en el momento en que la pequeña Liz y su mamá se zambullían en el mar. La mujer se alejó mirando con el golpe en el pecho y pensó “…triste destino al que nos conduce el deseo de analista, lugar de deshecho, de soledad. Ellas no se dieron vuelta. Ni miraron, ni saludaron, ni agradecieron. Sólo disfrutan de ese baño especial, casi bautismal después de que la pequeña elaborara las distancias de separación de su madre… y luego… jugó…”

¿Cuando empezó realmente el juego? Se preguntó la mujer que no sabía que el deseo de analista no salía de vacaciones y quiso intentar alguna forma, manera, recurso...algo que posibilitara a esa niña ir hacia el mar. Ella lo miraba atenta, miedosa, deseosa…tal vez a la mujer le recordó a alguna otra niña…
Finalmente plantaron bandera entre las olitas y la mamá, casi casi…justo en el medio. Allí clavaron la pala en la arena y construyeron un castillo. Fue divertido, buscaron piedras, ramas, caracoles y una gran canaleta que intentaba llegar al mar pero no llegaba. Más adelante un señor, un abuelo, construía el suyo para su nieto. El abuelo lo había emplazado en la orilla, las olitas los salpicaban, el tenía una técnica de chorreado de arena con agua, que les enseñó. A Liz le encantó y chapoteó por primera vez en sus cuatro años. La mujer se vio tentada de sentarme en el piso donde rompían las últimas olas…hacía mucho calor y se separó de la pequeña unos cuantos metros. Ella la  miró tentada, feliz, corrió y se trepo a su cuello y una ola las tapo, rieron. Su mamá se acercó y juntas – madre e hija-  se fueron gateando hacia el mar. La mujer en la orilla se emocionó.

¿Cuando empezó el juego? ¿Se puede llamar juego a ese primer tiempo de construcción muchas otras veces fallido? ¿Hay juego antes de poder separase de la mamá?
En este humilde homenaje al maestro Sigmund -el que observó a sus nietos, a sus hijos, el que analizo a Juanito a través de su padre-, en este homenaje, quiero tensar un poco más el concepto de Fort-da, el juego de la desaparición y el retorno. Concepto que va a formar parte del andamiaje de “Más allá…”  junto a otros tres pilares: Neurosis de guerra, Neurosis de destino y Neurosis de transferencia.[1]
¿Qué es lo que está más allá del principio del placer? Freud se pregunta por el motivo que lleva al niño a jugar, a repetir el mismo juego. Lo mismo sucede en los otros pilares ¿Qué se repite? ¿Por qué se repite?
Me pregunto ¿Hay juego allí? Ese movimiento, Fooort…..daaaa, ¿es un juego?
Fue observando a su nieto de 18 meses el hijo de Sophie, el pequeño Ernest que era muy apegado a su madre- que Freud descubrió el valor de ese movimiento acompañado de un sonido, de esa repetición. 
Según Freud “el juego sintetizaba el logro cultural del niño, la gran renuncia instintiva realizada a fin de dejar partir a su madre sin protestar.” Se detectaba allí la ganancia de placer en el dominio del objeto, de ahí la compulsión a la repetición. Dominio de la pulsión.
Recordemos que en 1920 Freud la pasó muy mal, murió un amigo y paciente suyo, que lo ayudo en épocas de guerra, Antón von Freund. El maestro lo curó de un sarcoma, hecho que fue considerado un milagro. La tarde que entierran al amigo él se anoticia de a enfermedad de su hija Sophie, mamá de Ernest. Ella muere a los 26 años. Hay una nota referida al Fort-da que dice: “ahora que la madre se fue realmente el niño no muestra señales de pesar.”
Evidentemente “Mas allá...”,  será el lugar donde tendrán lugar la muerte y el goce, el  fort-da hace a esa trama. Hace de trama al juego, me atrevo a decir. Cuando muere Sophie el niño tenía 5 años, había significantes porque hubo fort-da, o lo que  Winnicott supo llamar Espacio Potencial de juego. Ese espacio muchas veces, muchas más de lo que creemos, muestra sus fallas, sus agujeros, sus silencios, sus palabras a lo largo de la vida y por qué no de la muerte de alguien. La pequeña Liz del relato que me inspiró a repasar el tema ya había pasado evidentemente por el fort-da, antesala del Estadio del espejo, sin embargo el mar era más fuerte. Me atrevo a decir que lo que simbólicamente permitió que la niña se animara a separarse fue esa fugaz y casi imperceptible presencia de ese abuelo que le “enseñó la técnica de chorreadote arena con agua”. Freud también era ese abuelo que observaba a ese niño, tal vez el no advirtió de la importancia de su presencia allí. Entre el niño, la madre y la ausencia, una presencia cualquiera. Tal vez a modo de significante cualquiera que ofrece alguna significación posible a tanta inmensidad. Ese mar se volvió un charquito y luego… a jugar!!!






[1] El Siglo del Psicoanálisis- Emilio Rodrigué.